El síndrome del cooperante: el reto de regresar a casa

Horas después de despedirse de los niños peruanos malnutridos y sin escolarizar a los que había asistido durante meses en una aldea, Esperanza Márquez comparte asiento con un renacuajo quejica pegado a su móvil en el tren que le conduce desde Madrid hasta su hogar. Semejante contraste cultural es difícil de asimilar. Márquez trabaja como psicóloga en el proyecto Edúcame Primero Perú. Al igual que ella, otros cooperantes tienen que hacer frente a experiencias similares cada vez que terminan su misión y llegan a España.

Así cuenta Márquez lo que siente cuando llega a Chiclana de la Frontera, en Cádiz: “Me siento desubicada. Tengo la sensación de que la gente no me entiende. Hablan de temas que no me interesan y a ellos tampoco les importa lo que yo he vivido o sentido. La peor sensación es la de aislamiento, creer que estás como en una burbuja”.

Artículo completo de Borja Negrete en El Mundo.

 

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